El tesoro de los catalanes ,no solamente es un privilegio: lo que tenemos entre manos, es un auténtico tesoro.

Los catalanes somos unos privilegiados.

Sé que a muchos de vosotros, en estos momentos difíciles de sufrimiento, represión e iniquidad sin límites, que alguien os diga que “los catalanes somos unos privilegiados” os debe de sonar a burla.

Pero creo que si nos lo miramos con perspectiva, nos daremos cuenta de que lo que estamos viviendo los catalanes es un privilegio que muy poca gente, tanto a escala individual como colectiva, puede llegar a tener en sus vidas.

No solamente es un privilegio: lo que tenemos entre manos, es un auténtico tesoro.

Mirad, una de las cosas más difíciles que puede hacer una persona en su vida, es abandonar su área de confort. De hecho, muy poca gente es capaz de dar este paso por sí misma.

El área de confort es aquel entorno vital en el cual sabes como funcionan las cosas y en el que todo es previsible; un entorno vital donde tienes las necesidades vitales básicas cubiertas y dónde dispones de las suficientes comodidades para temer perderlo todo si lo abandonas.

Es una suerte de prisión mental, levantada con muros de conformismo y resignación.

El área de confort, en el ámbito del crecimiento personal y del avance espiritual, es lo más próximo a ‘estar muerto en vida’.

A escala vital, mata el ingenio, sofoca el chispazo de la creatividad y destruye los sueños, convirtiéndolos en la sombra de una cosa que crees que nunca podrás realizar.

Te arrastra hacia ese, “ir tirando”, aquella actitud que en política catalana, se traducía en el “peix al cove” y “la puta i la ramoneta”, esas posturas infames que durante tantos años, nos han avergonzado.

Todos los catalanes, como colectivo, vivíamos en esta área de confort, denominada ‘la España de las autonomías’, o como se dice ahora más acertadamente, ‘el Régimen del 78’.

Era como una sala de velatorio donde esperábamos conformados que llegara nuestra hora, para perdernos en la oscuridad de la historia en el más vergonzoso de los silencios, sin hacer ruido, no fuera que con ello ofendiéramos a nadie.

Y de repente, cuando ya parecía que nosotros mismos nos habíamos condenado a la ignominia, un chispazo lo ha encendido todo.

Ciertamente, no os sabría decir cómo ha sido, ni como empezó exactamente.

Dicen que fue el recorte del Estatut y toda aquella oleada de desprecio que nos echaron encima, pero cuando un pueblo se ha acostumbrado a tantas humillaciones, es difícil saber por qué razón acaba reaccionando ante un hecho concreto y no ante otro.

El hecho es que la luz de la razón, a veces, parece tener vida propia y lo que hemos visto, es que sólo ha hecho falta una pequeña rendija en los muros de nuestra resignación, para que entrara un hilo de luz que rompiera la oscuridad definitivamente, y ha sido entonces cuando millones de catalanes, a la vez, hemos abierto los ojos y nos hemos levantado para abandonar la prisión en la cual se había convertido nuestro propio país.

Todos habéis experimentado en vuestras vidas personales, lo difícil que es abandonar vuestras áreas de confort, y el esfuerzo psicológico titánico que hace falta.

Pues ahora imaginaos la magnitud del fenómeno que estamos viviendo, cuando millones de personas, hemos decidido hacerlo, todos a la vez, independientemente de nuestras edades y condiciones sociales.

Creo que no me equivoco si digo que es uno de los movimientos psicosociales más extraordinarios de la historia.

Y lo es, porque a lo largo de la historia, la mayoría de veces que un colectivo ha decidido levantarse y romper sus cadenas, ha iniciado su rebelión cegado por el humo corrosivo del odio, y en medio del olor de la pólvora y el regusto de la sangre y el acero en la boca.

Nosotros, en cambio, nos hemos levantado en paz, muy serenos, como si viviéramos un despertar masivo, repleto de ilusión y determinación.

Ahora, no podemos desaprovechar este momento único del cual somos protagonistas.

No tenemos ningún derecho a hacerlo.

Este estado mental colectivo, este fenómeno psicosocial en el que estamos inmersos, es nuestro Gran Tesoro.

Este es el ‘Tesoro de los Catalanes’ y es lo único que tiene valor auténtico en medio de todo lo que estamos viviendo.

Si lo reflexionáis bien, veréis que va mucho más allá del hecho formal de fundar o no, una República.

Este ‘tesoro psicosocial’ es el que nos permitirá convertir las enormes dificultades que pronto tendremos que afrontar, en oportunidades de crecimiento y aprendizaje y el que nos puede permitir crear un nuevo modelo de país, diferente a todo lo que se ha visto hasta ahora.

De hecho, lo que realmente tenemos entre manos, es la semilla de un nuevo mundo y sólo dependerá de nosotros que seamos capaces de darnos cuenta y de aprovechar este momento único.

Para comprender mejor a qué me refiero, recordad todo lo habéis vivido alrededor del Referéndum de este pasado 1 de octubre.

Recuperad aquella energía que os envolvía, esa sensación luminosa de hermandad, esperanza y determinación y como fuimos capaces de enfrentarnos todos juntos a nuestros temores y afrontar la violencia desatada por todo un estado represor.

Aquella firmeza, aquella dignidad colectiva, no surgía ni de banderas ni de himnos, no nacía condicionada por grandes proclamas patrióticas ni nacionalistas por parte de ningún líder político, sino que brotaba del interior de cada uno de nosotros.

Fuimos firmes, porque la raíz de nuestra fuerza y de nuestra dignidad era individual y se convirtió en colectiva de forma solidaria.

Recordad aquellas escenas emocionantes cuando espontáneamente aplaudimos a las personas mayores que venían a votar, conscientes de lo que representaba para ellos aquel momento que todos sabíamos histórico, como si cada uno de aquellos abuelos y abuelas fueran una representación de nuestro pasado como pueblo y de las personas que nos han dejado, y a la vez una visión del futuro de dignidad que todos querríamos acabar teniendo.

Y sobre todo, recordad como fuimos capaces de organizarnos por nosotros mismos, sin caudillos, ni caciques, ni líderes dándonos instrucciones desde atriles o televisiones; recordad como olvidamos cualquier tipo de diferencia de edad, sexo o condición social, como fuimos capaces de dejar a un lado nuestros egos y protagonismos y de cumplir, de la mejor manera que pudimos, el papel que nos correspondía para lograr el éxito colectivo.

Haced memoria, de cómo entre todos, aceptando cada cual su responsabilidad individual, fuimos capaces de esconder durante días, ocho mil urnas del escrutinio obsesivo de los servicios de espionaje español y de sus miles de policías.

Recordad cómo nos hemos sentido estos días, admirando el esfuerzo de nuestros representantes políticos, pero no con la actitud servil de quien se siente inferior y sometido a ellos, sino con el orgullo de quien ha sabido elegir un representante que lo dignifique en el ejercicio de su tarea y siempre con el espíritu crítico de quien espera que sus servidores públicos estén a la altura de sus responsabilidades.

Recordad la gran dignidad que hemos tenido y como nos hemos podido mirar orgullosos al espejo, sabiendo que estamos escribiendo nuestra propia historia.

Este conjunto de emociones y sentimientos, que muchos quizás creais que son huidizos, en realidad son nuestro Gran Tesoro y no podemos dejarlo caer en el olvido, ni dejar que se convierta en una anécdota, un recuerdo o una batallita que cuente “aquello que sucedió aquel día de octubre”.

Tenemos la obligación de convertir este estado mental colectivo, en nuestra forma de vivir, en nuestra forma de ser y de hacer, por siempre jamás y de ahora en adelante, y no sólo en momentos excepcionales.

Os puedo asegurar que el futuro de nuestra tierra y de nuestra gente, depende en gran medida de ello.

Tiene que ser nuestro gran Tesoro Nacional, infinitamente más valioso que cualquier monumento o símbolo patriótico.

Y sobre todo, tenemos que mantener y profundizar tanto como podamos, esta red horizontal de ciudadanos organizados y coordinados por sí mismos, y convertirla en la base real del nuevo estado catalán.

Si queremos tener un futuro, la Cataluña que tenemos que construir, tiene que ser capaz de organizarse por sí misma, sin depender de instituciones, ni líderes políticos.

Sólo así podremos garantizar nuestra supervivencia como pueblo y nuestra independencia ante los poderes que siempre nos querrán someter (y traicionar).

Hasta ahora hemos vivido en un mundo, donde las instituciones políticas nacionales, el ‘poder’, eran las encargadas de ‘proteger’ y (y por lo tanto, de someter), a sus respectivos pueblos.

Ahora y aquí, tenemos la oportunidad de crear un mundo nuevo, donde sea el pueblo el que proteja sus instituciones políticas y sus representantes. Con esta demostración de poder popular, podremos garantizar que las instituciones estarán siempre al servicio del pueblo y no a la inversa y nos aseguraremos de no tener que ver nunca más a nuestros representantes públicos como enemigos a los cuales odiar o temer.

Hoy en día disponemos de las herramientas tecnológicas para organizarnos por nosotros mismos, vivimos una oportunidad histórica para ponernos a prueba y nos hemos otorgado el estado mental necesario para convertir las dificultades y las medidas represivas en retos que nos empujen a encontrar nuevas soluciones; pero sobre todo disponemos de la fuerza mental colectiva y de la determinación para crear un país totalmente nuevo y realmente democrático, popular e igualitario.

Es cierto: nuestros enemigos (que lo son porque ellos han decidido serlo), tienen tanques, aviones, barcos y miles de policías cargados de odio.

Pero os aseguro que si nosotros nos mantenemos firmes, no nos podrán doblegar.

Tenemos una fuerza inmensa. No lo dudéis ni un momento.

Pasaremos muchas dificultades y momentos difíciles, a veces parecerá que perdemos la esperanza, pero lo creáis o no, ahora, nosotros, gente sencilla de una nación pequeña y muchas veces olvidada, somos el centro del mundo y tenemos la oportunidad y la fuerza para cambiarlo todo.

Y todo, quiere decir TODO.

Incluso esta Europa miserable y corrupta que nos ha dado la espalda.

No desaprovechamos este tesoro único que nos hemos concedido.

La victoria sólo depende de nosotros.

EL TIMBALER DEL BIT

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