Sumando: la teoría y la práctica de la revolución catalana, el 21D manda.

La teoría y la práctica de la revolución catalana por su altura, su dignidad, su complejidad, su humanidad acapara la atención en España y Europa. Es el único lugar del Estado en que se habla de autodeterminación, soberanía, legitimidad, desobediencia, resistencia. Se habla de lo que se está viviendo. De lo que está viviendo una generación entusiasmada en una experiencia colectiva única, que dejará honda huella. Por eso hay que hablar de Cataluña, lo más importante hoy en España y en Europa.

Pero hablar en los términos ajustados a la situación real, no en los del poder político de la Gürtel y sus adláteres parlamentarios y mediáticos. Estos siguen sosteniendo que el independentismo catalán es una cuestión de orden público que se resolverá con (más, y más, y más) policías y guardia civil y, quién sabe si con milicos. El triunvirato nacional español y sus mil altavoces no quieren entender que se enfrentan a una crisis constitucional sin parangón, planteada por millones de ciudadanos. Imposible saber cuántos porque el propio triunvirato es capaz de cargarse la Constitución con tal de que no se sepa mediando un sencillo referéndum. No entienden porque no quieren entender. No importa, mientras Europa siga tutelando el proceso e impidiendo el recurso a la brutalidad, todo irá bien. En España son habituales los gobiernos que no entienden lo que dicen gobernar.

Algo parecido sucede con la izquierda española, la que se encuentra (muy incómoda, por cierto, según manifestaciones de Bescansa) fuera del triunvirato nacional y enfrentada al independentismo sin tener ni idea de qué hacer. Fuera del triunvirato porque, en realidad, no lo considera verdaderamente español ni patriótico. Para español y patriótico, Podemos, dispuesto a dejar que los indepes catalanes decidan libremente cómo encajan en el Estado español. Lógicamente, esto los enfrenta a los indepes a causa de su españolismo tan (supongo) inconsciente como patente. Ignoro si, a estas alturas, con los representantes de la podrida burguesía neoliberal catalana en la cárcel o en busca y captura, se sigue manteniendo que el independentismo es una cortina de humo del 3%. Tampoco importa. La historia ha pasado y ya no hay modo de subirse al tren de la revolución ni en el furgón de cola.

Es Cataluña en sí misma la merecedora de atención por las dimensiones, repito, humanas, a la par que políticas que está teniendo. Y, por descontado, también económicas y religiosas y de todo tipo. “Lo personal es político”, dice el feminismo de la tercera ola. Tal cual. Como políticos están en prisión los dos Jordis y medio govern; como político en el exilio el otro medio. Y también como personas, con sus vidas, sus familias, sus proyectos cruelmente interrumpidos. Esos hombres y mujeres están en donde están por fidelidad a sus convicciones que han puesto en práctica por medios pacíficos y democráticos aunque, según interpreta el gobierno y la judicatura en sólita unidad de criterio ilegales. Y la fuerza movilizadora de estos símbolos políticos y humanos será sin duda imparable.

El doble objetivo de alcanzar la independencia y la liberación de las personas presas tiene una faceta de derecho, ganar unas elecciones y otra de deber, rescatar a los rehenes que se lo han jugado todo por la idea. (Aparte: ¿Cómo va a entender esto alguien de la Gürtel?). Siendo así, los preparativos de las elecciones del 21D deben garantizar el triunfo. Para ello, la decisión de una lista transversal con PDeCat, ERC, la CUP y gente de Podem, es la mejor.

JxS cumplió una etapa. Y con pleno éxito. Este se mide en relación proporcional a la desproporción de la respuesta del Estado (intervención previa del Rey), el gobierno y sus lebreles, PSOE y C’s. Pero la etapa ha concluido y hay en el horizonte una meta nueva, interpuesta, unas elecciones ilegales e ilegítimas impuestas por las bravas pero en las que es de sentido común participar.

Cumplida la etapa, se inicia otra. Nuevos objetivos, nuevas circunstancias, nuevas fuerzas e ideas. El odre viejo de JxS ya no sirve. Marcos, 2, 22, “nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque se rompe el odre y se derrama el vino. Hay que echar el vino nuevo en odres nuevos”. La candidatura transversal es un odre nuevo y muy prometedor. Acoge todos los elementos de JxS y suma otros de diversa procedencia, como la CUP (hasta ahora aliada parlamentaria) y los sectores de Podem sensibles a la demanda independentista. A su vez estos tienen fácil razonar su integración: los del odre viejo han demostrado ser gente de palabra. Mírese en dónde están. Además, el ataque del Estado es en todos los frentes. La respuesta solo puede ser una candidatura única de país.

El 21D manda.

Ramón Cotarelo

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